Todos somos vanos,
pequeños,
secretos
y lejanos.
Suspicaces luces tilitando por nada.
Queriendo saber porque
deseando rebuznar el lo sé.
Somos desde siempre el niño,
el egoísta,
el energúmeno.
Queriendo ser como muchos
nos desconocemos hasta mil veces.
Por eso
Hasta siempre también,
animales de límites
definidores de lo infinito y lo divino.
Queriendo conocer
terminamos ignorando…
Nos cegamos por cada luz
de nuestra existencia.
Somos vida y ocaso.
Instante previo,
ínfimo
y risueño.
Una risa porque fue cierto:
"Las mejores cosas no pudieron ser conocidas"
El tiempo fue nuestro capricho
nos envileció para volvernos
vanidosos
soberbios
o cobardes.
Porque no me mientan,
es difícil ser el Cristo
es más fácil ser el clavo
o la espina.
Somos la sal de un mar que se evapora.
Un idealismo de materia.
Un cacumen de renuncia.
Una muerte que se informa.
(Por un día más de vida)
Somos:
"La humanidad que hierra el destino del tiempo"
(Y es el hombre, su último segundo)
Karlos Méndez

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