Media hora después me llamó el novio de mi hermana, ofreciéndome una invitación para el concierto de la sinfónica nacional, que suertudo - me dije -, y mas porque siendo Efraín un músico no iba a poder asistir, así que solo tuve que convencer en un correo a mis amigos emproistas para que también ellos asistieran y bueno por aprovechar la entrada que valía doble, aunque también, no era la primera vez que asistía solo a estos eventos, mi novia tenia que asistir a la universidad y otras amigas tienen su vida ya organizada o no se arriesgan a compartirla conmigo.
Lo que si paso es que me toco mucho tiempo esperar, casi desde las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche (hasta esa hora empezaba el concierto), pero hice bien en llevar mi cuaderno de notas y un breviario de historia de la filosofía, porque de nuevo tuve un conversatorio conmigo mismo, como un loco que se dedica a develar la historia de su pensamiento, o mejor dicho, pensar pensamientos.
Rondaba por mi cabeza si el mundo guatemalteco en que vivimos debe derrochar sus recursos para conservar y mantener el arte que se manifiesta en algunas personas, de cómo hacer comulgar a los demás en la necesidad que tenemos de solidarizarnos en expresar nuestros ideales y sentimientos, pues existen muchas calamidades, injusticias y diferencias sociales que nos procuran sentimientos, dude si éramos una cultura sin cultura, pero reincidí en considerar que si tenemos cultura, que nuestra sociedad manifiesta su diversidad en su diario vivir y que es tarea de los artistas reflejarla, casi como un deber de catarsis social.
Nos corresponde – me dije, como considerándome artista – comprender la realidad, expresarla y manifestarla en un trozo de papel (si no puedes dibujarla), hablar de lo que es posible y de lo que puede ser, soñar y regresar a la realidad para evidenciarla, hablar de una sola realidad y no como la falaz sentencia de hablar, decir o expresar otras realidades, porque eso no es así, solo hay una realidad, no se puede pluralizar ese termino es eminentemente singular.
Y el tiempo se me fue tan luego que recordé algo ya escrito por mis manos, esa vez fue un catorce de enero del dos mil cinco, creo que es algo existencial pero bueno, yo creo que es algo sucedido de mi motivo...
Luego que he vivido son las luces de los años los que anudan las intenciones, acatan los logros y cada sonrisa dada se hace corta, efímera y como dejada de la frase necesaria…
Pero así, las opciones en este mundo son variadas, múltiples y accionadas en una disciplina aprendida, el mundo mismo ha dicho ya, como es todo, son pocos ya los trazos que quedan por marcarse, el dibujo completo ha sido trazado y los colores se siguen mezclando…
PD Por cierto, el concierto me sacio los oidos

No hay comentarios.:
Publicar un comentario